martes, 27 de enero de 2009

¿Dónde se esconde el mundo después de la cena?

Cuando los tejados se relajan y se cierran las bolsas de basura yo me siento a oir el romántico sonido del lavaplatos. El progreso con labios de vieja ha sorbido a los grillos como si fuesen sopa de fideos negros. La luna ficha en el reloj de una nube...hoy no está dispuesta a hacer horas extras. ¿Qué hará con nosotros el tiempo si hasta el mundo se esconde asustado después de la cena?

Y mientras la humanidad entrega sus cerebros al mando a distancia yo voy a refugiarme a mi cueva: cantaré más alto para no oir los anuncios de detergente que me llaman desde el salón de mi casa.

Y así pasan los años por nuestras carteras haciendonos olvidar que tal vez un día nos gustó jugar a los cromos. Como una foto desenfocada se archiva en mi cabeza el tiempo en el que con sufrimiento endurecía mis carnes a golpe de tigretones y fanta de naranja. Zipi y Zape no hablaban de crisis y los disfraces de Mortadelo eran de mercadillo.

¡No! yo seguiré recordando. Me resisto a ser uno más de los morfinómanos de las series absurdas y temblar de una temporada a otra. Prefiero vibrar con las locuras de quienes se rien del progreso y buscan leña para calentar sus cuerpos sin acordarse que hay todo un ejercito catódico en sus casas.

Aunque no sepa donde se esconde el mundo después de la cena seguiré sonriendo mientras vuelvo a casa pues, como si aun fuera una niña me esperan las sábanas suaves para soñar y mañana lo mejor está por llegar.